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Horror…en Ecuador

La masacre tan atroz y lamentable sucedida en los CRS (Centros de Rehabilitación Social) es un síntoma de una sociedad enferma, es la pus que demuestra que como país, estamos infectados, no de coronavirus sino de falta de humanidad, de total irrespeto por la vida y extrema crueldad.

Nicolás Dousdebés Córdova

https://www.eluniverso.com/noticias/seguridad/67-privados-libertad-asesinados-carceles-reaccion-gobierno-edmundo-moncayo-nota/ (fuente de imagen)

No era una sorpresa que en las noticias internacionales aparecieran escenas y relatos de gente mutilada, degollada, ahorcada o asesinada de cualquier otra manera cruel e inhumana. Solían venir de Colombia o México, naciones ampliamente dominadas por la violencia, especialmente aquella que surge de los cárteles del narcotráfico. Ahora, esas mismas atrocidades han comenzado a suceder en Ecuador, en la «isla de paz» de América Latina.


El martes 23 de febrero de 2021 quedará marcado en la historia nacional como un día trágico en la memoria colectiva. Será una fecha «que vivirá en la infamia», como diría Roosevelt sobre el ataque japonés a Pearl Harbor. Sin embargo, aquí no fueron soldados los que murieron. Eran delincuentes, algunos asesinos peligrosos para la sociedad, otros narcotraficantes de bandas rivales y seguramente, también reclusos de poca peligrosidad que cayeron víctimas de la orgía de violencia sanguinaria.


Se comenta que uno de los reos, o PPL (personas privadas de la libertad), para ser políticamente correctos, había a su vez asesinado a varias personas en Guayaquil con extrema saña y crueldad, de modo que habría probado «su propia medicina». Es posible que vulgarmente, muchas personas digan: «bien hecho». En realidad, al revisar las redes sociales, en no pocos comentarios se celebraba que hubiesen ejecutado a los presos, que se lo merecían. Ciertamente es un tema polémico pero más allá de las opiniones personales, ¿dónde queda el estado de derecho y el imperio de la ley? ¿cualquier persona podrá ejecutar a otra porque considera que no merece vivir, y además hacerlo al margen de la ley? Ahora sucedió al interior de las cárceles, mañana puede pasarle a cualquier ciudadano libre, sea culpable o inocente.


Sin embargo, éste no es el único mal precedente que se desprende de esta masacre anunciada, pues ya en 2020 hubo dos estados de excepción para supuestamente intervenir en las cárceles que ya eran un nido de violencia. El asesinato masivo de 79 personas al interior de tres cárceles ecuatorianas, al margen de su nivel de peligrosidad, revela sin lugar a dudas que en estos recintos no hay ley, o que ésta simplemente no se cumple. Es evidente que los guardias penitenciarios son incapaces, ya sea por falta de formación, por complicidad con los internos o por escasez de número, de ejercer un mínimo grado de autoridad sobre quienes han sido confiados a su vigilancia. El libre ingreso de armas, celulares, licor, electrodomésticos y otros enseres, da cuenta de que para muchos, estar en la cárcel no limita sus actividades delictivas, en todo caso las empeora y agudiza.

A modo de justificación, algunos de los detenidos, en las cárceles más afectadas por la violencia, han manifestado en vídeos (lo cual ya indica que siguen utilizando dispositivos que supuestamente están prohibidos) que sus compañeros asesinados mantenían una especie de red de extorsión y abuso al interior de estos recintos y esto habría llevado a la violenta reacción del 23 de febrero. Ahora bien, el hecho mismo de que hubiesen existido estas redes de dominio de unos internos sobre otros, ya denota que algunos de ellos no estaban realmente privados de la libertad sino que podían manejar a su antojo sus influencias sin que las autoridades carcelarias lo supieran o pudieran hacer algo al respecto.

Para cambiar este panorama desolador, los tan desgastados discursos de que hay que promover los valores y la educación, aunque no han dejado de ser ciertos, no son ni de lejos suficientes. Deberán pasar varias generaciones y haber un sustancial mejoramiento del nivel de vida de la población para que estas acciones de prevención den frutos. Mientras tanto, urge tomar medidas que reformen la manera de administrar los presidios pues éstos en la actualidad no merecen el nombre de «centros de rehabilitación social» (CRS), sino todo lo contrario, son núcleos de violencia y muerte.

Para comenzar, los guardias penitenciarios deberían ser apoyados de manera permanente por personal especializado de la policía para realizar constantes supervisiones que aseguren la ausencia de armas y otros elementos potencialmente letales, como las herramientas de gran magnitud con las que se cometieron estos crímenes, por ejemplo, sierras eléctricas y amoladoras. Es verdad que algunas de éstas son utilizadas para labores de enseñanza de oficios, entonces deberían estar mucho más resguardadas y utilizadas sólo en la presencia de instructores.

Adicionalmente, el personal de guardianía, sean guías o policías, deberían tener perfecto conocimiento de la ubicación de los interruptores centrales de energía, en caso de que haya el mínimo intento de uso indebido de estos instrumentos. Y esto no es todo. Hay más medidas a ser aplicadas de manera inmediata, tal como la dotación de armamento disuasivo no letal, sólo para ser utilizado cuando el orden se salga de las manos de los guías.

En definitiva, hay una serie de cambios que tendrían que realizarse para mejorar las condiciones de seguridad al interior de las cárceles. Sin duda, la más importante de ellas es desarraigar la corrupción de las filas de los guardias penitenciarios; su oficio es duro y seguramente lleno de tensión; precisamente por eso, la formación de su personal tendría que ser altamente profesional y su remuneración adecuada para evitar el riesgo de que sean objeto de sobornos. Desde luego, nada de esto será posible sin la voluntad política de cambio y la consiguiente dotación de recursos para generar nuevas políticas públicas en materia de seguridad penitenciaria.

A manera de conclusión, lo sucedido en las cárceles de Ecuador durante la última semana de febrero de 2021 es un reflejo de lo que sucede en la sociedad misma. Esta crisis no es sino la punta del iceberg de una situación en la que la vida no vale mucho y está en constante riesgo, sobre todo para los grupos más vulnerables. Como si no hubiese bastado la pandemia, la cual se ha llevado a muchos de ellos, la corrupción estatal ha puesto en riesgo no sólo a los enfermos sino al personal sanitario que ha estado en la primera línea de lucha contra esta grave enfermedad.

En los últimos meses, ha habido un incremento notable de la violencia contra la mujer, mayores tasas de inseguridad y criminalidad en todas las ciudades del país, especialmente en las más grandes. El asesinato de Efraín Ruales, así como la muerte violenta de tantas otras personas inocentes menos conocidas que él, evidencian que en Ecuador el valor de la vida humana es extremadamente frágil, es descartable a cambio de pocos dólares. La masacre tan atroz y lamentable sucedida en los CRS es un síntoma de una sociedad enferma, es la pus que demuestra que como país, estamos infectados, no de coronavirus sino de falta de humanidad, de total irrespeto por la vida y extrema crueldad. Nos urge una medicina, un cambio de mentalidad que a todo nivel nos haga más sensibles y respetuosos del valor irremplazable de toda persona, más allá de su condición de libertad o privación de la misma.


Enlaces externos: https://www.eluniverso.com/noticias/seguridad/67-privados-libertad-asesinados-carceles-reaccion-gobierno-edmundo-moncayo-nota/

Norbert Wiener, la cibernética y nuestra realidad

La cibernética, o comunicación para el control es un principio científico propuesto por Norbert Wiener, ha tenido una gran trascendencia en el mundo actual. Sin embargo, también presenta riesgos y desafíos.

Naves espaciales que se manejan desde pantallas para acoplarse a estaciones que orbitan la Tierra a miles de kilómetros de distancia, control automatizado de los aparatos y funciones domésticas, plataformas virtuales que conocen y vigilan cada una de las búsquedas en internet y las compras que se realizan en línea, robots que cada vez más reemplazan a los humanos en un sinnúmero de tareas, reuniones virtuales que se pueden realizar entre cientos de participantes que están dispersos por varios puntos del planeta, e incluso fuera de él.

Norbert Wiener es considerado el padre de la cibernética

Norbert Wiener, padre de la cibernética, posiblemente no imaginó la trascendencia de sus descubrimientos y propuestas.

No, no es ciencia ficción, es la realidad que se vive en 2020, 56 años después de la muerte de Norbert Wiener, niño prodigio que obtuvo un doctorado en lógica matemática en la Universidad de Harvard a los 18 años. Este brillante académico sentó las bases para el desarrollo y las ulteriores aplicaciones prácticas de la llamada cibernética, la ciencia del control y la comunicación.

Autores como Melvin de Fleur y Schramm habían desarrollado el concepto de retroalimentación (feedback) pero aplicado más bien al análisis de la comunicación mediática dirigida a grande audiencias. Wiener, por su parte, desde un punto de vista más pragmático, se dio cuenta de que esta comunicación de ida y vuelta, pues eso es, serviría para disminuir la cantidad de procesos caóticos en las máquinas y los sistemas, y por lo tanto, para aumentar o mejorar el grado de control en los mismos. Dicho kubernetes (palabra griega que significa control y que es también el origen del término gobierno), podría ayudar a que los sistemas lleguen a un estado de balance u homeóstasis.

Somos una máquina cibernética perfecta, siempre lo hemos sido, pero sin nombres tan sofisticados

El proceso de control y comunicación entre personas y máquinas no es nuevo, ha existido desde que hay vida orgánica en la tierra. Está presente en los seres vivos y por supuesto, en el ser humano. El sistema nervioso central es un buen ejemplo de ello. Nuestras terminaciones nerviosas retroalimentan el cerebro a cada instante. Así, somos capaces de percibir sensaciones de dolor o placer, u otras térmicas, como el frío o el calor. La vista capta colores y el oído sonidos. Con esos insumos la mente luego hace un trabajo maravilloso pues los combina con recuerdos anteriores y eventualmente llega a conclusiones nuevas. De esta manera, se completa el círculo del conocimiento y la razón humana. Somos una máquina cibernética perfecta, siempre lo hemos sido, pero sin nombres tan sofisticados.

Si no fuera así, no podríamos siquiera sostener una taza en nuestras manos pues la soltaríamos o no nos sería posible evaluar su peso y forma. Por ello, quienes padecen el mal de Parkinson tiemblan y no pueden asir objetos con firmeza. Está fallando su cibernética interna, su comunicación de ida y vuelta entre las células cerebrales, las neuronas.

Wiener tiene el mérito, desde luego, de haberse percatado de que este mismo fenómeno de comunicación interna, como el de los nervios y el cerebro, que produce efectos de estabilidad y control en el cuerpo, puede aplicarse, así mismo, a procesos de comunicación entre personas, entre personas y máquinas o entre máquinas solas. Un ejemplo actual de cibernética puede ser una central nuclear cuyos procesos, delicadísimos por cierto, son controlados automáticamente por un cerebro digital que reposa en el interior de un disco duro, o bien, la búsqueda de exoplanetas en nuestra misma galaxia, la Vía Láctea, o incluso fuera de ella, a miles de años luz. Hacer barridos secuenciales de millones de sectores del universo en búsqueda de sistemas solares y planetas semejantes al nuestro requiere de una constante comunicación de ida y vuelta con el fin de almacenar datos y seguir obteniendo nueva información que sea relevante.

Sin embargo, aquí en la Tierra, en la realidad que vivimos todos los días, la cibernética puede tener muchos usos bastante más prácticos que la búsqueda sistemática de vida alienígena. Unos de gran valor para la preservación de la vida. Los médicos y biólogos estarán justamente utilizando este control informativo en tiempo real para dar finalmente con una vacuna contra el coronavirus, o por lo menos, para encontrar un tratamiento eficaz, tal como acaban de informar científicos británicos acerca de la Dexametasona, que puede reducir el riesgo de muerte de enfermos graves de Covid-19 hasta en un 35 %, a major breakthrough , es decir, un gran avance científico y terapéutico. No habría sido posible sin sistemas cibernéticos, sin comunicación de ida y vuelta entre núcleos de científicos y bases de datos que rápidamente evalúan la eficacia de un medicamento en relación con los pacientes que no han recibido el medicamento en cuestión sino placebos, a fines comparativos.

Lamentablemente, todo tiene un lado oscuro, y la cibernética no es la excepción. Los gobiernos u otras organizaciones, Amazon, Google, Facebook, etc, pueden eventualmente utilizarla para controlar a la población. La información que nosotros mismos proporcionamos en las redes sociales o al utilizar plataformas digitales dice mucho de nuestra vida personal y familiar. Los gigantes tecnológicos saben bien cuáles son nuestras preferencias de consumo o ideologías políticas. Les estamos proporcionando datos sobre ello todo el tiempo, incluso sin darnos cuenta, cuando nos movilizamos con el teléfono inteligente que envía datos sobre nuestra ubicación, sobre los lugares que visitamos y hasta lo que consumimos.

Hace poco, leía en un sitio de noticias británico, que se habían presentado denuncias de acoso familiar utilizando dispositivos domóticos, es decir, tabletas que sirven para controlar las luces del domicilio o los ciclos de la lavadora. Es fácil abusar de estos dispositivos y utilizarlos para otros fines, por ejemplo, para espiar a la pareja y luego ejercer violencia contra ella.

Hay que ser muy prudentes al momento de manejar nuestra información personal en el ciberespacio, lo cual significa justamente, espacio controlado

Nadie pone en duda las ventajas de la cibernética en términos de eficacia para mejorar los procesos productivos, tecnológicos y científicos en general. En una gran medida, a todos nos ha facilitado mucho la vida googlear cualquier tema para obtener información sin tener que quemarnos las pestañas hojeado gruesos tomos en las bibliotecas. Sin embargo, hay que ser muy prudentes al momento de manejar nuestra información personal en el ciberespacio, lo cual significa justamente, espacio controlado, a partir de la etimología aquí expuesta. ¿Por quién? No lo sabemos.

Referencias externas:

https://www.revistaciencia.amc.edu.mx/images/revista/67_1/PDF/Presentacion.pdf