El mercado de Santa Clara es un punto de encuentro para los quiteños

Fotografía por Giovanny Garzón

En el mercado el único intercambio posible es a través del dinero, allí se relacionan vendedores y compradores; es una paleta multicolor donde se puede encontrar víveres de todo tipo, precio y tamaño; es un buen lugar para abastecimiento familiar o para degustar de un buen plato de comida típica.

Fotografía por Giovanny Garzón
Niña realiza sus deberes

Al empezar la mañana los comerciantes acomodan los productos en sus puestos, cual galerías vistosas. El mercado Santa Clara fue creado en el año de 1951 en el gobierno del ex presidente del Ecuador Galo Plaza, fue pensado como un centro de acopio de productos alimenticios. Pasadas las 7 de la mañana las puertas se abren y los primeros en llegar son oficinistas y estudiantes en búsqueda de desayuno. Las típicas frases ¿caserito que le sirvo?, venga papito que le doy bien puesto o bonitico venga para atenderle como se debe, marcan la mañana.

Doña María al igual que el resto de comerciantes viste un mandil blanco, ella sabe que en la mañana la gente busca un café o un morocho con empanadas. De sus 65 años, más de 40 ha trabajado en el mercado; empezó desde muy niña y de su madre heredó el puesto y oficio. María también conoce que entre 10 a 12 hay pocos clientes, pero que los fines de semana hay mucha gente, y es allí donde puede ganar el dinero para la renta y sus gastos familiares. Para que los caseritos vuelvan, los comerciantes se han instruido en el trato al cliente y el manejo de los productos. Preparo los alimentos con mucho amor para que la clientela se sienta satisfecha y vuelva, concluye María, quien se esfuerza por mantener estándares de calidad, sanidad y salubridad.

Fotografía por Giovanny Garzón
Venta de carne de pollo

A la hora del almuerzo el murmullo y el alboroto vuelven a los pasillos y las sillas de color negro y los mesones de baldosas se llenan en un segundo, dejando a muchos sin posibilidad de bocado. Los estudiantes de la Universidad Central son los comensales frecuentes.

El mercado en la actualidad tiene 242 socios y una infraestructura con dos plantas, la inferior destinada a la venta de frutas, hortalizas y comida típica, y la superior en la que se venden cárnicos y mariscos, entre otros alimentos. El mercado Santa Clara es un lugar de encuentro para quiteños.

Realizado por Giovanny Garzón. Periodo 47, grupo 721.

La peluquería que embellece la vida

Alejandra Gutiérrez
Alejandra Gutiérrez
Miguel Ángel, afeita a un cliente jóvenes

El Centro Histórico es un lugar lleno de historias, cultura y tradición, pero sobre todo lleno de personas que tienen una vida que merece ser contada. Así comienza un día normal en el lugar, son las 10 de la mañana del lunes y sus calles reciben a cientos de transeúntes.

Llegando al corazón del Centro Histórico, encontramos la Plaza Grande, un lugar que ha sido testigo de la historia y que cada día se presta para seguir cultivando su cultura. Los ojos curiosos de un grupo de turistas miran asombrados a través de una pequeña puerta bajo el Palacio de Carondelet, se trata de la Peluquería Amazonas un lugar emblemático para los quiteños y en el que parece que los años no pasan. Atravesar sus puertas es volver al pasado y querer recrear esos tiempos de antaño que forjaron la historia de la ciudad. Sus paredes amarillas, el techo color mostaza, los detalles que adornan todo el lugar en una mezcla de colores rojizos y cafés, los numerosos cuadros antiguos que engalanan estas  paredes y las noticias de periódicos recortadas y enmarcadas, hablan de la popularidad que tiene la peluquería y que ha trascendido generaciones.

Todo comenzó en la década de los 60, cuando Alfredo Salazar decidió abrir la peluquería Amazonas, ahora en manos de su hija Clara Salazar, desde ese entonces el lugar ha sido testigo de décadas de historia y tradición. Las noticias que visten las paredes nos avisan que en este sitio se han atendido personajes distinguidos de la política, de la música, de la literatura y del arte.

Una pulcritud inigualable, un mandil blanco inmaculado, unas manos a las que se les nota la experiencia pero no el cansancio y una amabilidad que se contagia al paso, son las características que sobresalen a primera vista  en  Miguel Ángel Reinoso, trabajador del lugar; él cuenta que por el sitio han pasado personajes célebres y con mucha emoción recuerda haber atendido al guitarrista y compositor Hugo Bonilla Chávez, al guitarrista y escritor Hugo Oquendo y a otros personajes más.

Mientras aprovecha barriendo los restos de cabello negro que han quedado en el piso, Miguel Ángel nos habla de su vida y de la alegría de trabajar 38 años de trabajar en la peluquería Amazonas. Él nació en Tungurahua, vivió en Quevedo y por esos azares de la vida, llegó a Quito en un mes de mayo del año 1977 y desde esa fecha no ha parado de brindar sus servicios como buen peluquero.

Sin embargo el Merenguito, como le llaman de cariño sus clientes, es optimista, bromea sobre su estatura y comenta entre risas que si no creció fue porque no quería gastar tanto dinero en tela para ropa, Miguel Ángel  dice que el tiempo que lleva en Quito se le ha pasado sin sentir: no en todas partes se ve eso, uno en Quito no siente el tiempo y eso es por la belleza que tiene la ciudad en todos sus aspectos, el Centro Histórico tiene incluso hasta algo de divino, afirma.

En medio de esta amena conversación y siendo ya casi las 11 y 45 de la mañana al Merenguito le llega otro cliente, él es Manuel Zúñiga, quien vive en el norte de la ciudad, pero realiza el viaje gustoso con tal de cortarse el cabello en esta peluquería y con el peluquero de su confianza, porque la calidad y la amabilidad que allí recibe no se comparan con nada.

La peluquería Amazonas abre sus puertas a las 9 de la mañana y las cierra a las 6 de la tarde, y hasta que ese momento llegue, Miguel Ángel continúa con su trabajo que a punto de navaja y tijeras, embellece a quiteños y quiteñas, haciendo que estén elegantes para su actividad diaria.

 Realizado por Alejandra Gutiérrez. Periodo 47, grupo 721.

Quiteños de corazón

Vannessa Acosta
Vannessa Acosta
Amada Jordán en su tienda en el sur de la ciudad

Amada Jordán posee una tienda en el sur de la ciudad, específicamente en el barrio de la Ferroviaria Baja. Al contarme su historia, lo recuerda todo como si hubiera sido ayer. Hace más de 80 años doña Amada viajo a la ciudad de Quito, tras haberse casado y en busca de una oportunidad en la capital. Al principio, les resultó demasiado difícil, como a todas las personas que migran para poder conseguir sus sueños.

Se establecieron en un barrio representativo y emblemático de la cuidad:  Chimbacalle, en el que se encuentra la estación del tren en Quito. Junto a su esposo pusieron un restaurante picantería en la calle México, junto al actual teatro del mismo nombre. Al medio día recibían a los trabajadores hambrientos del ferrocarril y en la noche recibían a aquellos que buscaban distracción, amigos, música y licor. Era muy conocida por todos los trabajadores del lugar.

Amada tuvo dos hijos y tres hijas, que posteriormente serian su ayuda. La familia era muy querida y reconocida por quienes habitaban en el barrio, por sus buenas costumbres y por tener la mejor sazón en todas las delicias que preparaba; menciona con una sonrisa en su rostro

Su vida en el barrio fue demasiado peculiar, ya que aparte de ser partícipes del ferrocarril, también vieron cómo se creó la línea de buses Colón Camal, que recorría casi toda la cuidad, de sur a norte. No recuerda con exactitud cuando el ferrocarril dejó de funcionar y su restaurante también. Al  no tener los mismos ingresos decidieron que toda la familia se trasladaría al barrio de la Ferroviaria Baja, para abrir un nuevo negocio.

Durante toda su vida vivió en Quito y tiene los mejores recuerdos, porque fue la tierra que la acogió y donde sus hijos, nietos y bisnietos nacieron. Desde que perdió a su esposo no ha dejado de luchar por sacar adelante a su familia. A sus 95 años de edad ella sigue atendiendo la tienda que instaló hace mucho tiempo.

Amada visita regularmente a sus familiares en Ambato, pero no regresaría a vivir a su cuidad a pesar de estar muy orgullosa de sus orígenes. Guarda un cariño especial a Quito y ha sido testigo de todos sus cambios.

Realizado por Vannessa Acosta. Periodo 47, grupo 721.