En el Día de los Difuntos cantan los mariachis

Fotografía por Héctor Estrella
Fotografía por Héctor Estrella
Mariachis en el cementerio de Sangolquí.

En Sangolquí el ambiente estuvo inundado con el exquisito aroma a colada morada y guaguas de pan. El día de los finados es una fecha en la que los ecuatorianos visitan los cementerios, van a hacer compañía a sus difuntos, a llenarlos de arreglos florales, a ofrecerles comida, a cantarles una canción y como no, a rezar un padrenuestro y un ave maría.

Las calles cercanas al cementerio están abarrotadas; todos van en familia, desde los más pequeños, hasta los más grandes y no es extraño escuchar que las madres les digan a sus hijos tápate el ombligo hasta que salgamos, para que no te de mal aire. En las afueras los vendedores ofrecen sus productos a grito pelado: hornado, pristiños, helado de cerveza, manzanas acarameladas y también flores y velas. Una mixtura de olores y colores inundan el ambiente.

Al ingresar al cementerio los visitantes saludan a sus muertos tocando la tumba, muchos se arrodillan y en pose de meditación cierran los ojos y conversan con el difunto. Cuando termina el trance se persignan: en nombre del padre del hijo y del espíritu santo… Empieza la limpieza y la decoración de la tumba. Algunos llevan palas y picos para escarbar la tierra, otros cobran por esta actividad, sacan las malezas y pintan las tumbas.

En medio del bullicio resuenan las trompetas, las guitarras y las maracas; unos mariachis cantan la canción preferida de quien en vida fue… Otros visitantes ponen una velita para que iluminar la oscuridad; no faltan tampoco los alimentos favoritos para que al viajante al más allá no le de hambre.

A medio día el párroco invita a la misa y todos los que pueden y quieren se aglomeran. Al final de la ceremonia el pueden ir en paz, les devuelve a la realidad y la bandada se dispersa; algunos se despiden de su difunto, otros solo suspiran. No hay llanto, solo la gratificación de visitar a un ser querido que no ha sido olvidado.

Realizado por Héctor Estrella. Periodo 47, grupo 721.

El Chimborazo marca la identidad de su gente

Fotografía por Daniela Caizaguano
Fotografía por Daniela Caizaguano
Los hermanos Morales interpretan música andina

El frío de la tarde y el vuelo precipitado de las palomas de la Plaza de San Francisco, acompaña a cuatro hermanos oriundos de Chimborazo. Luis, Manuel y José Morales se preparan para laborar una tarde más como cantantes informales. El extenso graderío y las piedras rocosas de la plaza forman parte del escenario; uno a uno se alistan para la presentación frente a los asistentes. Delia, su hermana menor, con sus pies descalzos y un faldón a ras de suelo recogerá las colaboraciones de los simpatizantes del espectáculo.

Flautas, rondadores, charangos y cascabeles son sus instrumentos de trabajo. Llama la atención el vestuario de los artistas callejeros. Es diferentes a los de otros de artista; los colores rojo, blanco, azul y verde forman parte de las grandes coronas adornadas con plumas de loros, papagayos y gallinazos. El sonido de un cuerno de búfalo, da inicio al primer cántico sendero andino.

El sutil silbido de la flauta de Manuel, siembra un ambiente de sentimiento entre el público presente, los sonidos que lo acompañan transportan al oyente a un mundo andino, un lugar de contacto con la naturaleza y los animales de páramo. Poco a poco las personas que caminan por la plaza de San Francisco se acercan para apreciar el trabajo de los tres hermanos. Las cámaras de los turistas empiezan a filmar las interpretaciones de los hermanos Morales. El frío acongoja cuando finaliza la presentación. Manuel reconoce: no tenemos nombre, pero si identidad, somos parte del Chimborazo.

Realizado por: Daniela Caizaguano. Periodo 47, grupo 721.